{"id":2608,"date":"2025-12-10T12:14:15","date_gmt":"2025-12-10T11:14:15","guid":{"rendered":"https:\/\/deliberativa.org\/?p=2608"},"modified":"2025-12-10T12:14:19","modified_gmt":"2025-12-10T11:14:19","slug":"de-los-consejos-consultivos-a-los-mini-publicos-deliberativos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/deliberativa.org\/en\/de-los-consejos-consultivos-a-los-mini-publicos-deliberativos\/","title":{"rendered":"De los Consejos Consultivos a los Mini-p\u00fablicos deliberativos"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Ernesto Ganuza<\/strong> (<strong>IPP\/CSIC<\/strong>)<\/p>\n\n\n\n<p>Desde hace m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os la participaci\u00f3n ciudadana es un elemento habitual para las administraciones, que ponen en marcha procesos participativos, de distinta naturaleza y ambici\u00f3n, en todos los niveles territoriales. Es una especie de emblema de \u00e9poca, que permite llenar de aspiraciones los imaginarios democr\u00e1ticos. Cuanta m\u00e1s participaci\u00f3n, se supone que habr\u00e1 mejor democracia, en tanto en cuanto las pol\u00edticas p\u00fablicas ser\u00e1n m\u00e1s informadas, menos sesgadas y cercanas a la ciudadan\u00eda (Warren, 2009). Aun as\u00ed, la participaci\u00f3n ha sido siempre una cuesti\u00f3n compleja. Desde el punto de vista interno a la administraci\u00f3n, los dispositivos puestos en marcha requieren de la implicaci\u00f3n de los t\u00e9cnicos, a veces de \u00e1reas de gesti\u00f3n diferentes, y los representantes pol\u00edticos, coordinaci\u00f3n que desaf\u00eda los patrones jer\u00e1rquicos y estanco habituales en el funcionamiento de la administraci\u00f3n moderna. Desde el punto de vista externo, la participaci\u00f3n abre formalmente los espacios de decisi\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de los muros administrativos. Esto implica una coordinaci\u00f3n compleja entre actores de la sociedad civil, agentes econ\u00f3micos y sociales, ciudadanos no organizados y expertos con los representantes pol\u00edticos y los t\u00e9cnicos de la administraci\u00f3n, desafiando de nuevo la habitual divisi\u00f3n de trabajo en la pol\u00edtica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La puesta en marcha de la participaci\u00f3n por parte de la administraci\u00f3n plantea, por eso, importantes desaf\u00edos, generando muchas cuestiones y tensiones dentro del campo pol\u00edtico: \u00bfQui\u00e9n puede participar? \u00bfHasta d\u00f3nde se puede participar? \u00bfQu\u00e9 se puede decidir? \u00bfY c\u00f3mo? \u00bfMediante un proceso consultivo, m\u00e1s directo? Los mini-p\u00fablicos deliberativos, organizados en torno a una metodolog\u00eda deliberativa, a partir de una selecci\u00f3n de participantes hecha por sorteo, responden a esa complejidad de un modo renovado y diferente a como lo hicieron dispositivos participativos pasados como los consejos consultivos o los presupuestos participativos. No es este el lugar para detallar exhaustivamente las diferencias, pero merece nuestra atenci\u00f3n subrayar aquellos elementos novedosos dentro de la historia de estos dispositivos participativos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los consejos consultivos surgieron a principios de los a\u00f1os 80 introduciendo los movimientos organizados dentro de la planificaci\u00f3n de las pol\u00edticas p\u00fablicas locales. Toda la participaci\u00f3n gir\u00f3 alrededor de las asociaciones, siendo los sujetos con los que hab\u00eda que coordinarse fuera de la administraci\u00f3n. A pesar de las cr\u00edticas y su naturaleza meramente consultiva, estos consejos siguen siendo hoy d\u00eda, por volumen y presencia, el principal instrumento participativo con el que las administraciones tratan de implicar a la sociedad en la elaboraci\u00f3n de las pol\u00edticas p\u00fablicas, presentes no solo a nivel local, sino en regiones y a nivel estatal. No obstante, a finales de los a\u00f1os 90, los consejos consultivos empiezan a ser criticados por su falta de representaci\u00f3n social (Navarro, 1999; Font, 2001). Pero tambi\u00e9n se critica su funcionamiento interno, endog\u00e1mico y poco transparente hacia fuera (Sarasa and Guiu 2001), lo que afectaba a la calidad de sus propuestas, poco representativas de la diversidad social (Alguacil, 2003).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El inicio de los presupuestos participativos, a partir del a\u00f1o 2001 en todo el territorio espa\u00f1ol (y en Europa), con experiencias importantes en Andaluc\u00eda, Catalu\u00f1a y Madrid (Ganuza y Franc\u00e9s, 2012), se justific\u00f3 en las debilidades de los Consejos Consultivos. Aqu\u00e9llos planteaban dos elementos diferenciales. Por un lado, la participaci\u00f3n se abr\u00eda al conjunto de la ciudadan\u00eda, invitando a las personas no organizadas a la elaboraci\u00f3n de las pol\u00edticas p\u00fablicas. Por el otro lado, introduc\u00eda un proceso directo de toma de decisiones sobre una parte peque\u00f1a del presupuesto p\u00fablico, lo que reforzaba el giro administrativo hacia fuera, abriendo la definici\u00f3n de las pol\u00edticas a la opini\u00f3n directa de la gente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El nuevo proceso participativo plante\u00f3 desaf\u00edos importantes. Primero, la administraci\u00f3n deb\u00eda establecer mecanismos de coordinaci\u00f3n con el conjunto de la ciudadan\u00eda, lo que supuso introducir herramientas participativas novedosas (como asambleas participativas abiertas al conjunto de la poblaci\u00f3n) y un lenguaje m\u00e1s abierto en la comunicaci\u00f3n. Por el otro, deb\u00eda establecer una coordinaci\u00f3n interna, pues a diferencia de lo que ocurr\u00eda con los consejos que trabajaban sobre un \u00e1mbito tem\u00e1tico espec\u00edfico, al margen de la toma de decisiones, los presupuestos participativos obligaban a una acci\u00f3n interna coordinada, pues las propuestas de la ciudadan\u00eda afectaban siempre el funcionamiento de varias \u00e1reas de gesti\u00f3n (la de participaci\u00f3n, la de infraestructuras, la de hacienda, la de presidencia, etc), rebosando el peculiar modo estanco del funcionamiento de las administraciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Los presupuestos participativos siguen siendo un dispositivo participativo muy extendido en Catalu\u00f1a y Espa\u00f1a. No obstante, fueron criticados por el perfil sesgado de los participantes. Estos pod\u00edan acudir voluntariamente a asambleas abiertas a proponer o votar, lo que si bien increment\u00f3 significativamente el n\u00famero de participantes (respecto a los consejos), no pod\u00edan aspirar a representar al conjunto del territorio. Por otro lado, el formato del proceso empujaba a la ciudadan\u00eda no organizada a una competici\u00f3n por priorizar propuestas muy vinculadas a sus barrios y a las necesidades inmediatas de los participantes, lo que fue siempre utilizado para cuestionar la calidad de las propuestas realizadas, pensadas desde el inter\u00e9s personal antes que desde el bien com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de las cr\u00edticas, los dispositivos participativos siempre se justificaron por la administraci\u00f3n por la capacidad que ten\u00edan de considerar el conocimiento de uso de los participantes. No solo se trataba de dar protagonismo a la gente, sino que \u00e9sta conoc\u00eda mejor lo que pasaba a su alrededor y su participaci\u00f3n ten\u00eda un valor a\u00f1adido significativo en las pol\u00edticas, que adem\u00e1s no entraba en conflicto con las pol\u00edticas p\u00fablicas m\u00e1s generales. Esto ha permitido sortear muchas cr\u00edticas y ha mantenido el impulso de la participaci\u00f3n por parte de los representantes pol\u00edticos a lo largo del tiempo. Para entender la nueva familia de dispositivos participativos (los mini-p\u00fablicos deliberativos) resulta \u00fatil pensar qu\u00e9 aportan a la participaci\u00f3n desde esta perspectiva. Una de las grandes innovaciones que introducen los dispositivos deliberativos es la puesta en valor de otro tipo de conocimiento, que tiene que ver m\u00e1s con la planificaci\u00f3n que con el uso inmediato. Los mini-p\u00fablicos invitan a la ciudadan\u00eda al debate de un problema de largo plazo y que va m\u00e1s all\u00e1 de la realidad inmediata del participante, es decir, de su conocimiento de uso. Las condiciones y los requisitos de una participaci\u00f3n as\u00ed cambian las din\u00e1micas habituales con la que las administraciones afrontaban los dispositivos participativos.<\/p>\n\n\n\n<p>En t\u00e9rminos generales, los dispositivos deliberativos se justifican parcialmente en las fragilidades de los procesos participativos anteriores. Por un lado, la participaci\u00f3n sesgada de la ciudadan\u00eda y, por el otro, la falta de calidad de las propuestas surgidas en los procesos participativos, muy centradas en asuntos peque\u00f1os y personales, poco generalizables o escalables. Mediante el sorteo, los dispositivos deliberativos obtienen una muestra descriptiva de la poblaci\u00f3n de un territorio. Esta muestra, realizada a partir de t\u00e9cnicas sociol\u00f3gicas, tiene como objetivo contar con un conjunto de participantes que representen la diversidad de personas en un territorio, evitando as\u00ed los sesgos en los perfiles de quienes participan. Por otro lado, los participantes no son invitados a expresar sus preferencias personales (ni su conocimiento de uso), sino a reflexionar estrat\u00e9gicamente sobre los pros y los contras de un dilema pol\u00edtico en un territorio, para proponer una recomendaci\u00f3n p\u00fablica espec\u00edfica que va a afectar al conjunto de la poblaci\u00f3n, no solo a ellos. Para lograr este objetivo, los mecanismos deliberativos introducen en el proceso participativo la formaci\u00f3n expl\u00edcita de los participantes sobre la tem\u00e1tica abordada con el objetivo de que las propuestas realizadas est\u00e9n basadas en informaci\u00f3n previa. Ambos elementos (muestra descriptiva del territorio y conocimiento estrat\u00e9gico de los participantes) permiten que los mecanismos deliberativos se centren sobre cuestiones a largo plazo y con impacto en los territorios, algo diferente a lo que hab\u00eda sido la participaci\u00f3n hasta ahora centrada en los problemas inmediatos de uso.<\/p>\n\n\n\n<p>Podemos detallar cuatro dimensiones nuevas que caracterizan la puesta en marcha de un mini-p\u00fablico deliberativo respecto a los dispositivos participativos anteriores.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>La deliberaci\u00f3n plantea un desaf\u00edo distinto en relaci\u00f3n con la coordinaci\u00f3n interna de la administraci\u00f3n, tanto a nivel pol\u00edtico como administrativo. El mini-p\u00fablico requiere, como en los presupuestos participativos, de la coordinaci\u00f3n de departamentos distintos dentro de la administraci\u00f3n, alineando voluntades y pr\u00e1cticas diferentes. Es necesario adem\u00e1s coordinar la exposici\u00f3n de los problemas que se van a debatir y sus implicaciones en tanto en cuanto la metodolog\u00eda deliberativa aspira a planificar una pol\u00edtica p\u00fablica dando respuesta a un dilema. Esto requiere trabajar con expertos (tanto los que pueda haber dentro de la administraci\u00f3n, como fuera de ella) y, sobre todo, con los representantes pol\u00edticos para definir el contexto y los l\u00edmites del debate que se va a tener. Se trata de trabajar conjuntamente el dilema que se va a plantear con el objetivo de que la Administraci\u00f3n pueda afrontar las recomendaciones finales de los participantes. Algo que requiere una din\u00e1mica diferente por parte de los responsables pol\u00edticos y t\u00e9cnicos para favorecer su puesta en marcha. Es necesario un compromiso pol\u00edtico y administrativo mayor.<\/li>\n\n\n\n<li>Los participantes en los mini-p\u00fablicos deliberativos son personas escogidas por sorteo y el objetivo de su selecci\u00f3n es invitarlos a una deliberaci\u00f3n sobre cuestiones estrat\u00e9gicas, no sobre su realidad inmediata, lo que condiciona la din\u00e1mica participativa de modo diferente. Es necesario, por ejemplo, introducir trabajo en grupos peque\u00f1os o din\u00e1micas deliberativas que permitan a la ciudadan\u00eda reflexionar y hablar sobre el dilema, lo que requiere una actualizaci\u00f3n novedosa de los m\u00e9todos participativos con los que se sol\u00eda trabajar dentro de la Administraci\u00f3n.\u00a0<\/li>\n\n\n\n<li>Las recomendaciones que recogen las justificaciones de los participantes para aplicar una u otra pol\u00edtica p\u00fablica de acuerdo a la informaci\u00f3n recibida y la deliberaci\u00f3n que tienen entre s\u00ed los participantes, genera otro desaf\u00edo para la administraci\u00f3n, pues no se trata, como en los presupuestos participativos, de un proceso de toma de decisiones sobre cuestiones menores, sino de pol\u00edticas en muchos casos estrat\u00e9gicas que implican una decidida acci\u00f3n de los ejecutivos a medio y largo plazo. Hay que incorporar din\u00e1micas para seleccionar expertos que den informaci\u00f3n y permitan realizar una reflexi\u00f3n fundada a los participantes.<\/li>\n\n\n\n<li>Adem\u00e1s, el hecho de trabajar con una muestra descriptiva implica siempre trabajar con pocos participantes, lo que hace necesario, m\u00e1s que nunca, pensar la vinculaci\u00f3n del mecanismo deliberativo con el resto de la ciudadan\u00eda.\u00a0<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>[Publicado en Digital CSIC]<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\">Imagen. Asamblea ciudadana de Debagoiena, publicada en Noticias de Gipuzkoa, noviembre 2025.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ernesto Ganuza (IPP\/CSIC) Desde hace m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os la participaci\u00f3n ciudadana es un elemento habitual para las administraciones, que ponen en marcha procesos participativos, de distinta naturaleza y ambici\u00f3n, en todos los niveles territoriales. 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